ACCEDÉ AL CENTRO DE CONSULTAS DE LA FACULTAD

Se puede observar que las clases magistrales muchas veces son consideradas como de poca utilidad para los alumnos. Los que sostienen ello suelen resaltar la importancia de la participación activa de los estudiantes en las clases. Ahora bien, esa postura podría conllevar cierta inconveniencia: la de desvirtuar la función del docente.
La función del docente no puede ser siempre pasiva. Se necesita que, en ciertas circunstancias, el docente actúe activamente transmitiendo conocimientos. Por supuesto que ello no debe implicar que los alumnos no deban participar en clase planteando sus dudas y consideraciones. En cualquier área del saber es importante que los profesores incentiven a los alumnos a indagar, a ser curiosos, a investigar. Ahora bien, ¿qué ocurriría si los docentes adoptaran una actitud pasiva esperando sólo la participación de los alumnos? En ese caso nos encontraríamos en presencia de “moderadores de debates”, no de docentes universitarios.
No necesitamos moderadores o árbitros de debates; en todo caso necesitamos formadores de profesionales y de discípulos. Debemos resaltar esto último: debemos ser conscientes de esta necesidad, diríamos crucial. Esa debe ser unas de las tareas principales del docente. Para formar profesionales y discípulos es necesario transmitir conocimientos. Enseñar fue, es y será transmitir conocimientos, no dirigir debates. No dejemos que la función del docente se desvirtúe.
--TRADUBA