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Háblenos un poco de Ud. ¿Quién es Claudia Martel?
Soy porteña. Hace ya muchos años me fui de Buenos Aires y viví en otras ciudades por trabajo familiar hasta 1997, que me establecí en Mendoza.
Soy casada y tengo 3 hijos. Hace 25 años me recibí de traductora pública en la UCA.
También soy casi profesora de inglés (adeudo algunas materias) y por varios años combiné la traducción con la docencia. En la actualidad, soy traductora freelance para una empresa internacional y varias empresas locales, y profesora titular de la cátedra de Elementos del derecho aplicados a la traducción jurídica II, en la carrera del traductorado público de la Universidad del Aconcagua.
Con su experiencia docente, ¿qué consejo les daría a los estudiantes de traducción?
Antes que nada, les diría que se pregunten si sienten la vocación por la profesión. Algunos estudiantes terminan de descubrirla durante la carrera, pero es necesario conocer bien de qué se trata y las habilidades que requiere. La competencia lingüística, la curiosidad, la investigación permanente, la pasión por la comunicación y el conocimiento del entorno cultural son algunas de las características que dominan nuestra tarea y que deben cultivar desde el primer momento.
Les diría que no dejen de trabajar en la actualización, el conocimiento de las herramientas tecnológicas y la profundización del apoyo teórico.
Es importante que comiencen a involucrarse desde ahora en el mundo del traductor.
Tiempo atrás, no se hablaba de ciertas cosas en el aula como el mercado, las tarifas, la competencia… En mi opinión, los estudiantes deben interiorizarse de estos aspectos de la vida profesional desde antes de recibirse.
Les diría (y les digo sin desperdiciar ninguna oportunidad) que se valoren como futuros profesionales, que no se dejen vapulear por inescrupulosos y que, desde el comienzo del camino, intenten trabajar con dignidad y ética.
También es importante sentirse parte de una comunidad de colegas y comprometerse con ella, cualquiera sea, pero en la que se sientan identificados. Como en tantos ámbitos profesionales, no aislarse redunda en variados beneficios individuales y colectivos.
Suelo conversar con jóvenes a punto de recibirse que tienen mucho miedo de enfrentarse con el campo de la profesión. Yo les digo que busquen colegas maduros que los ayuden a transitar esa primera etapa hasta encaminarse solos. Como los niños que comienzan a caminar de la mano de sus padres, es más fácil dar los primeros pasos cuando los sostienen y los ayudan hasta largarse a correr solos.
Finalmente, que tengan mucha paciencia y fuerza para lanzarse en un proyecto de vida que apunte a perfeccionarse siempre, a superarse y alcanzar objetivos ambiciosos para convertirse en profesionales destacados y realizados.
Sabemos de su trabajo en la creación del Colegio de Traductores Públicos de Mendoza, el cual preside. ¿Cómo se desarrolló el proceso? ¿Cuáles fueron sus principios fundacionales?
Fue un proceso largo iniciado por otros colegas hace más de 20 años. Desde entonces, se golpearon muchas puertas para obtener la sanción de la ley. Tuvimos que demostrar a los legisladores de distintas maneras pero, sobre todo, con nuestra perseverancia e insistencia, que la creación de este colegio respondía a un momento social y cultural, en la era de la globalización, de los negocios y las exportaciones. A partir del año 2002, se reanudó la búsqueda de la norma con nuevas fuerzas y, finalmente, el 10 de diciembre de 2007, el Congreso de Mendoza sancionó la ansiada Ley N.º 7515 que autoriza la creación del Colegio de Traductores Públicos de la Provincia de Mendoza. Allí comenzó otro trayecto del camino hasta lograr que se reglamente la ley y convocar a elecciones. En junio de 2010, tuve el honor de ser elegida presidenta del Colegio de Traductores Públicos de la Provincia de Mendoza junto con un puñado de colegas que sintieron también el deseo del compromiso por trabajar para los demás.
Creo que cuando algunas comunidades profesionales están maduras para organizarse, allí llega el Colegio para jerarquizar la profesión, para afianzar la presencia e incidencia social del traductor. Hace falta poner garra y tenacidad para obtenerlo.
Nos hemos propuesto ser el ámbito que oriente a los colegas y les brinde los lineamientos éticos en su conducta profesional, y no solo legalizar la firma en sus traducciones. La capacitación en el ejercicio de la profesión será prioritaria en esta primera gestión fundacional. Nos orientaremos a los jóvenes que egresan, para ofrecerles el espacio de reflexión, escucha e información que hace falta cuando salen de la universidad. También es una prerrogativa sugerir honorarios que estén acorde con el mercado.
Después de 80 años de ser regulados por la Suprema Corte provincial, hoy intentamos ser un cuerpo gestionado por profesionales que trabaja para profesionales.
¿Sobre qué modelo se organizó el Colegio de Mendoza? ¿Se tomó como base la forma organizativa de alguna otra provincia?
Durante años, nos reunimos semanalmente para estudiar las leyes de la creación de los distintos colegios del país y poder seguir el camino de los hermanos mayores. Sin embargo, nosotros y los legisladores que presentaron nuestro proyecto de ley introdujimos los cambios que pensábamos pertinentes para nuestra región y que pudieran mejorar las normas existentes para otros colegios. Esto también sucedió en la redacción de los documentos constitutivos.
¿Con cuántos matriculados cuentan?
En estos días, la Suprema Corte está a punto de implementar el paso de la matrícula que va por el número de 800, aproximadamente. Nosotros vamos a continuar la numeración con la rematriculación de todos los que la obtuvieron con anterioridad a dicha implementación. Calculamos unos 200 colegas activos en la profesión, de esos 800 que indica la matrícula desde 1933.
¿Cómo observa la situación actual de los traductores públicos en particular y los traductores en general en la provincia?
Los traductores con matrícula en ejercicio de la profesión, pero sin título universitario de traductor público conforman la mayoría del padrón. Por eso, hemos decidido que tuvieran presencia en este Consejo. La integración de los matriculados con título de grado y sin él está plasmada con la participación en el Colegio de dos profesoras matriculadas. Creemos que la inclusión es una prioridad, ya que todos están invitados a trabajar en todos los espacios que la ley permita.
Sin embargo, creo que debemos ofrecer a estos profesionales con matrícula la capacitación correspondiente, ya que se hallan en cierta desventaja con respecto al traductor universitario. La Suprema Corte cumplió todos estos años con matricular y legalizar, pero nunca se ocupó directamente (como es de esperar, ya que no es su función) de los traductores. Esta situación generó el aislamiento e individualismo en la tarea. El Colegio viene a proteger y a contener a los profesionales que deseen acercarse.
Existe un mercado comercial y de exportación que requiere nuestros servicios. Numerosas empresas internacionales invierten en nuestra provincia, y somos requeridos en esos casos.
Respecto del traductor en general, Mendoza ofrece innumerables opciones locales debido a las operaciones internacionales que se presentan en los pujantes sectores industriales, vitivinícola, minero, inmobiliario, etc.
¿Cuáles son sus planes en cuanto a capacitación de los matriculados? ¿Se prevé la creación de una sección específica en este sentido? ¿Proyectan realizar acuerdos con alguna universidad?
Nos hemos fijado una agenda de capacitación para el año 2011 que requiere de mucho esfuerzo pero que será indispensable para brindar a los traductores el espacio de reflexión que nos propusimos.
Ya hemos dictado un curso sobre formalidades en la presentación de las traducciones que será repetido mensualmente en 2011 como requisito para matricularse.
Por el momento, en esta etapa de fundación, el Consejo organiza los cursos, pero está pensado crear la Comisión de Capacitación que se ocupará de ello en el futuro.
Estamos abiertos a acordar con todas las universidades y establecimientos terciarios que dictan la carrera para aunar voluntades e ideas cada vez que se den las condiciones.
También es nuestra intención crear vínculos con instituciones, asociaciones y empresas, ofrecer el padrón y concientizar de la necesidad de un traductor matriculado, donde haga falta.
¿Cuál es la política de honorarios que piensan adoptar?
Sugeriremos honorarios que estén acorde con el mercado para guiar a los colegas a la hora de pasar un presupuesto.
El Colegio no se ha pronunciado todavía al respecto pero, por el momento, sugerimos los honorarios de la Federación Argentina de Traductores (FAT) orientativos en todo el país.
¿Qué piensa acerca de los intermediarios de la traducción?
Me parece esencial aclarar que no estoy en contra de los intermediarios. Es innegable que en muchas profesiones son la vía de acercamiento entre las partes para concretar negocios. El problema surge cuando la intermediación se aprovecha de una de las partes, en este caso, el traductor, y desequilibra la ganancia inescrupulosamente a su favor. En lugar de ser el enlace que puede generar una ventaja para ellas, se convierten en aves de rapiña, poderosos generadores de estructuras de honorarios. Lamentablemente, es un hecho que la presencia de intermediarios ha crecido exponencialmente en los últimos años, y la falta de trabajo, la desinformación y el poco interés solidario contribuyeron al crecimiento de las agencias que abusan de las diversas situaciones en que se encuentran los profesionales.
Estos agentes que ofrecen tarifas muy por debajo de lo que señalan los colegios es una preocupación de nuestro Colegio.
Entrevista realizada por el T.P. Héctor A. Gomá.
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Sobre la entrevistada: Claudia Martel posee una amplia experiencia en la traducción de documentos y textos jurídicos, notariales, comerciales y financieros, y en la enseñanza de traducción a alumnos universitarios. También se dedica a traducir temas relacionados con el turismo, la hotelería, la industria del vino y la minería. |
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